Elio Gómez, el maestro

“La satisfacción más grande… ver a personas que fueron mis alumnos y hoy están triunfando en la radio”.

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Muchos locutores latinoamericanos que triunfaron en los Estados Unidos lo recuerdan como uno de sus grandes maestros, y aunque él mismo no pisaba con mucha frecuencia el salón de clases, no son pocos los que reconocen que Elio Gómez, a través de su escuela, les abrió las puertas de su corazón y de su vida.

Fue sobre todo su permanente disposición de ayudar a los demás, de brindar oportunidades a quienes a veces no tenían para pagar la colegiatura, lo que hace que muchos personajes de la radio se refieran a él con gran aprecio. Elio Gómez, locutor, emprendedor y hombre de medios, es recordado especialmente por su escuela de locutores que, aunque fue modesta en sus inicios, nació con un nombre que hablaba de la grandeza de sus ideales: Escuela Internacional de Locutores de Oxnard.

Gómez nació en una pequeña localidad llamada Ramón Corona, Durango, cerca de Zacatecas. Creció en una familia numerosa formada por once hermanos. Su padre se dedicaba a la agricultura. Todos trabajábamos sembrando maíz y frijol, recuerda Elio, un nombre que se refiere al sol, y curiosamente, uno de sus primeros recuerdos tiene que ver, precisamente, con una gran bola de fuego. Cuando era pequeño, allá en el pueblo nos gustaba jugar a un juego que se llamaba `la pelota de lumbre ́. Lo hacíamos en las noches. Era una pelota que poníamos todo el día en petróleo, y cuando oscurecía la prendíamos y con una mano la agarrábamos y nos la aventábamos unos a otros. La pelota de lumbre se veía volando de aquí para allá, y otro tenía que agarrarla. ¡No entiendo cómo le hacíamos!

Sobre un tractor, bajo el sol

Fue también en aquellas tierras semidesérticas, donde tanto trabajo costaba sacarle frutos a la tierra, que Elio empezó a forjar una relación de cariño con la radio. Cuando yo estaba en Durango me gustaba mucho la radio, la escuchaba y me imaginaba trabajar en una estación. En aquel tiempo, trabajar en la radio era como ahorita yo querer llegar a la luna. Se me hacía algo imposible. Pero cuando estaba trabajando, sembrando, sobre el tractor, me gustaba practicar la locución. Como si estuviera tras el micrófono, presentaba a Vicente Fernández y a diferentes grupos, como si ya estuviera trabajando en la radio, pero todo era mi imaginación.

El sueño de trabajar en la radio no se haría realidad… pero sólo en su natal Durango. Como todas las cosas buenas, tendría que esperar. Al igual que muchas personas de las comunidades rurales de México, a los dieciocho años Elio decidió probar suerte en los Estados Unidos, en busca de una mejor vida. Le dije a mis padres que quería buscar un mejor futuro, recuerda. Realmente nunca me gustó trabajar en la agricultura; lo hacía porque tenía que trabajar, pero yo le decía a mi papá que quería hacer otra cosa. Entonces me dijo que, si quería, un primo iba a irse a Estados Unidos y que me podía ir con él y, claro, cruzar la frontera de mojado. En aquel tiempo dos de mis hermanos estaban en Los Ángeles y llegué con ellos. Al menos por eso lado no tuve problema: había casa, comida… no sufrí tanto. Era 1978 y llegué a trabajar en una fábrica de ropa del centro de Los Ángeles, en donde ganaba 95 dólares a la semana.

Su vida comenzaría a tomar rumbo cuando vio un comercial de la Don Martín School of Broadcasting, ya desde entonces una institución de gran solidez ubicada en Hollywood, reconocida por haber producido a un buen número de anunciadores, DJs, locutores y, notablemente, por haber expulsado de sus aulas, por mala conducta, a Don Imus, estrafalario conductor de radio y humorista norteamericano. Escuché el anuncio y pensé que ahí estaba mi oportunidad, comenta Elio. Estuve dos años estudiando y de ahí empecé a trabajar en Radio Kali, una estación de Los Ángeles. Trabajaba por las noches, algunos días de la semana y también uno que otro fin de semana, cubriendo turnos. Fue Pepe Barreto, un gran locutor que todo el mundo conoce, quien me dio la primera oportunidad de trabajar en la radio. Me faltaban unos dos meses para graduarme cuando Pepe Reyes, otro de los grandes, que fue mi maestro, me dijo que estaban necesitando un locutor de tiempo completo en McFarland, California, en una estación muy pequeña que transmitía únicamente de día, de las 6 de la mañana a las 7 de la tarde. Ahí estaba su compadre y me dijo que fuera a hacer una solicitud de trabajo; así que fui y me quedé. Así, mi primer trabajo de tiempo completo fue en McFarland, en la KXEM.

Ahí daría inicio una fructífera carrera que llevaría a Elio a ser una de las más prestigiosas personalidades de la industria de la radio en español en Estados Unidos. ¿Quieres saber cuál es su historia, su vida en la radio?

En el libro de monitorLATINO “En la Misma Sintonía: Vidas en la Radio” conoce los detalles de la vida de Elio y de otros de los mas importantes personajes de la radio.

Escrito por Juan Carlos Hidalgo y Gustavo Vázquez Lozano, ya está disponible en Amazon en formato físico y digital.

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