Vidas en la radio: Humberto Luna

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No podía creer que me pagaran por divertirme”.

“Antes del Cucuy, antes de don Cheto, antes de Juan Carlos y el Peladillo, estaba Humberto Luna”, subraya Juan Carlos Hidalgo, locutor de La X en su mejor momento. “Los logros de Humberto Luna en rating y trabajo comunitario no tienen comparación. Es un auténtico ícono que otros han tratado de imitar por años”,  comentó Alfredo Alonso en 2009 , que entonces era vicepresidente de la división hispana en Clear Channel. «Una de mis primeras fuentes de inspiración (…) fue Humberto Luna, uno de los locutores de radio en español en Estados Unidos más famosos», escribe Eduardo Piolín Sotelo en su autobiografía. “Hice una escuela”, reconoce el aludido. “Cuando llegué a Los Ángeles, a principios de la década de los setenta, cambié el formato formal de la radio por uno más humorístico e informal, cosa que nadie había hecho. Se convirtió en un gran éxito y desde entonces muchísimos locutores hispanos 10 han adoptado”. La revista Hispanic Business, que circuló durante más de treinta años como una influyente voz de la comunidad, nombró a Luna como uno de los cien latinos más influyentes en el mercado hispano en Estados Unidos. Y justamente fue ahí, en un mercado, que todo comenzó.

Zapatos buenos, bonitos, baratos

Luna nació en septiembre de 1956 en Tlaltenango, Zacatecas, una región del centro de  México tradicionalmente expulsora de mano de obra, por lo general poco calificada. Pero ya estaba escrito, en alguna extraña conjunción lunar, que de esta pequeña comunidad, azotada por la sequía y las altas temperaturas, algún día se exportará buen humor y entretención para miles de familias no sólo zacatecanas, sino de todo el mundo latino, para Estados Unidos. “Mi papá trabajó en la policía. Fue comandante y jefe de la policía judicial en el municipio de Tlaltenango”, recuerda Humberto, “Mi mamá, una mujer de hogar, y yo me dedicaba a estudiar. Fui el único hijo de ese matrimonio, no tuve hermanos. Eso era lo que conformaba el círculo familiar. Un día a los once años, me hicieron una invitación a que fuera el anunciador de las ofertas de una zapatería en la zona comercial del pueblo. Lo pensé. No estaba muy seguro. Como que sí quería y como que no, pero al final acepté. Y así comencé, anunciando: `Pásele a la zapatería: zapatos buenos, bonitos, baratos para usted y su familia‘. Hacía anuncios y ponía música. Por cierto la tienda tuvo muy buenas ventas. Además me gustaba cómo se sentía el micrófono. Después estuve en la presidencia municipal colaborando por ejemplo, para darle la bienvenida al gobernador del estado. En una de esas le pregunté si podría recomendarme para trabajar en una estación de radio en Zacatecas. Me dijo que sí, me dio una carta, fui con el dueño de la emisora en la capital del estado, pero desafortunadamente me dijo que no me podía dar el trabajo, porque tenía que tener un permiso de locutor, que otorgaba la Dirección General de Educación Audiovisual de la SEP”.

“Ahí se me cayeron mis ánimos”, reconoce Luna, pero el desencanto fue temporal, porque estaba decidido a lograrlo. “Me fui a estudiar a la Ciudad de México a la Escuela Nacional de Locutores y posteriormente cursé el Primer Seminario de Preparación de Locutores, Cronistas y Comentaristas de Noticias que organizaba el Departamento de Radiodifusión y Televisión. En 1969 obtuve mi acreditación y mi título de locutor con categoría A”. Para entonces, el padre de Humberto estaba viviendo en la ciudad de Los Ángeles y su hijo decidió visitarlo en el año de 1971 , “con una visa de turista nada más”, aclara. El joven no había contemplado la posibilidad de quedarse a vivir en el Norte, pero una vez en California le ofrecieron la oportunidad de ingresar a la XEGM Radio 95 , a pesar de que apenas era un veinteañero sin gran dominio del inglés. “Pero el hecho de contar con estudios formales en comunicaciones —cosa que ya no se les exige actualmente a los locutores — hizo que fuera más fácil colocarme. Me gustó el país, cambié mi visa por una de estudiante, estudié inglés y entré al colegio”. Humberto no pudo haber llegado en mejor momento a la XEGM. La estación, con sede en Tijuana, gracias a la iniciativa de Teddy Fregoso y los hermanos Liberman acababa de ampliar su potencia radiofónica y ahora podía escucharse hasta Los Ángeles. El trabajo de Luna estaba oficialmente en la ciudad angelina, pero su “oficina” en Tijuana. Cinco días a la semana grababa su programa en California, enviaba las cintas a la ciudad fronteriza mexicana, que a su vez regresaba la producción por medio de ondas radiales de vuelta a L.A.

El lunático mayor

Desde sus inicios, Humberto se convirtió en un verdadero «lunático» con un estilo, diferente que pasaba por alto la solemnidad y formalidad que entonces prevalecía en las cabinas. «Cuando empecé a hacer radio en las mañanas, los locutores entregaban una radio muy formal. Solamente anunciaban la música, las noticias, presentaban a Carmela y Rafael, a José Alfredo Jiménez, y yo pensaba:`¿Cómo así? ¡Esto no me gusta!’.

Así que hice a un lado los parámetros normales de la radio y empecé a echar relajo. Decidí introducir la informalidad. Empecé a crear distintos personajes, el padrecito, la flor porteña, doña Quica, muchos diferentes, y hacer cosas que nadie hacía. Entraba a limpiar el estudio y prendía la aspiradora para que se oyera, y decía al aire: ‘En este momento están aquí limpiando el estudio’ y era una señora que hablaba el español medio raro. `Ay, Chebo’, le decía, `quita la aspiradora, vamos a empezar nuestra clase de inglés y español`”.

Ocho años después Humberto estaba trabajando en la popular emisora KTNQ/

KLVE de Los Ángeles, entonces la estación en español con mayor facturación en todo

el país. Ahí permaneció durante poco más de veinte años como talento al aire y forjó su leyenda. «Preparaba algunas cosas un día antes, pero casi todo era improvisación  comenta. En 1989, convertido ya en el locutor hispano con más alto rating en todo el sur de California, se convirtió en el primero en obtener un contrato salarial de más de un millón de dólares anuales con la KTNQ AM, la Súper 10-Q, lo cual lo convertía, por mucho, en el mejor pagado en su tipo. 2 “Luna pasa todas las mañanas de seis a diez con su desfile de personajes (a quienes él llama sus lunáticos), emplea efectos de sonido, como ruido de excusados o huevos friéndose, comenta las noticias, presenta una buena selección de música en español y, sobre todo, es él mismo, encantador y afable”, escribió Claudia Puig para Los Angeles Times en 1989. El show también contaba con populares segmentos donde el anfitrión invitaba a la gente a llamar a la emisora para decidir si determinado disco debía tocarse o romperse. “No podía creer que me pagaran divertirme”, sonríe Luna.

Gracias a esta notoria popularidad, ese mismo año Humberto comenzó a hacer televisión participando en la conducción de Hablemos de cine, un programa donde, junto con Jorge Elías, comentaba las más recientes producciones a través del canal 34 KMEX y para toda la Cadena Univision, con una teleaudiencia estimada de varios millones espectadores. A partir de 1995, y durante tres años, fungió también como anfitrión.

La hora lunática en Telemundo y al término de ese periodo en La tarde lunática, en el anal 22 de Los Ángeles. La popularidad del “lunático mayor”, como lo bautizaron sus seguidores, lo llevó también a la pantalla grande y a romper, seguramente, el récord de número de películas para alguien que se dedica a la locución: en total 27 producciones. “Efectivamente la radio me dio la oportunidad de hacer cine y televisión”, repone Luna», y el doce de octubre de 1990 me dieron una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, la primera para un locutor hispano, por cierto orgullosamente mexicano» La estrella no solamente era la primera para un trabajador de la radio, sino, en ese momento, una de las pocas para celebridades originarias de América Latina.

En 2001 , después de más de veinte años ininterrumpidos de show matutino en la KTNQ —un récord en la industria— , y en parte por su desacuerdo con los cambios en los formatos, Luna decidió que era tiempo de probar nuevos aires y se unió a la KLAX, en un momento en que La X buscaba también dar consistencia y mayor solidez a su programación. Posteriormente trabajó también en KHJ La Ranchera, donde colaboró siete años, y a partir de 2009 en la cadena La Preciosa, de Clear Channel, donde con bombo y platillo se anunció el gran regreso de Humberto a un nuevo show matutino, que comenzó el 20 de enero de ese año. El show se pudo escuchar en más de diez estaciones de diferentes mercados de los Estados Unidos. “Estoy encantado con la oportunidad de poder llegar a radioescuchas de todo el país”, comentó en esa ocasión. “Mi programa de Los Ángeles siempre se vio distinguido con un público muy leal, y ahora espero hacer lo mismo a nivel nacional. Es un gran momento para mi”.

El lado amable

Humberto hace mofa del hecho de que “de las veintisiete películas en las que participé, todas me matan, excepto en una”, ironiza. “En ésa me ahorcan”. No es que los directores no lo hayan querido en el set, sino que, como él mismo explicó en alguna ocasión: “No tengo el tiempo suficiente para dedicarlo al cine. Entonces, para llenar el papel, luego luego me matan”. Pero ya fuera de la ficción y el buen humor, es un hecho que Luna siempre aprovechó su influencia y capacidad de convocatoria para ayudar a quienes más necesitaban. En tan sólo dos años, para tres desgracias que ocurrieron casi juntas —las explosiones de San Juanico, el terremoto en la capital mexicana Y al año siguiente en El Salvador— logró reunir poco más de un millón de dólares para damnificados , donaciones que entregó , con la presencia de los medios de a la Cruz Roja y otras organizaciones. A lo largo de su carrera ha entrevistado quién no he entrevistado!» , interviene sonriente — a celebridades de todas las latitudes ha aparecido en la pantalla grande al lado de Rafael Inclán, Mario Almada, Hugo Stiglitz, el Piporro, David Reynoso, Los Tigres del Norte, entre otros, y también con Andrés García en 1989 en Programado para morir (su maldición en la pantalla grande). Revela también que está en preparación un libreto para una película de su vida, que, sin embargo, no resolverá el mayor misterio de todos: “No sé de dónde saqué o a quién le heredé el sentido del humor”, reflexiona y se queda callado por un momento. “Mi papá era muy serio y mi mamá también”. 

Pero humor no es lo mismo que majadería o simpleza, y Luna es el primero en reconocerlo. “Ahorita la radio está muy mal porque los difusores, en lugar de buscar gente con estudios, quieren economizar; en vez de buscar talentos, procuran meter al estudio gente que sepa gritar, aunque sea sólo una canción, y que diga majaderías. Eso es lo que hacen ahorita, les pega y les da resultados. Las estaciones formales que tienen programas culturales no pegan ni tienen números porque la mayoría de la gente (latina) en Estados Unidos tiene un nivel cultural muy bajo. Acá, entre más corriente te comportes, más pegue tienes. Y yo no lo hago”.

Siempre caballeroso , con voz cálida que recuerda a una emisión de radio, sin prisas, Humberto termina reflexionando sobre aquello que lo ha distinguido y le proporcionó tantos premios como imitadores. “A lo largo de mi trayectoria, he mantenido principios que he respetado desde muy chico: ante todo, tratar de informar, pero sobre todo, buscar a las cosas el sentido del humor. Yo no puedo hacer un comentario serio sin buscarle el lado amable a la noticia. Creo que debemos terminar con algo simpático. No irreverente, sino gracioso, algo que complemente de forma ingeniosa la parte seria. Gracias a Dios sigo con la radio, mi juguete de toda la vida, y voy a continuar. Yo establecí la radio informal, loca, en Los Ángeles. Todos han tomado prestado un poco de mí. Pero ése soy yo: el lado amable. El lunático mayor”.

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