Vidas en la radio: Eddie León

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Dedícate a lo que te gusta y jamás tendrás que trabajar en tu vida.

En alguna ocasión, el escritor Michael Morris contó que su abuelo, un hombre de ideas estrafalarias, los obligaba a dormirse mirando hacia el oriente, para poder ver el sol en cuanto saliera. Era un abuelo sabio que tenía por amante al sol pálido de los fríos inviernos de Kentucky. El abuelo de Eddie León —actual vicepresidente de programación en Liberman Broadcasting y LBI Media— , tenía una costumbre parecida. Sólo que él sí amanecía con su amor entre los brazos, en el sufrido pueblo de La Sauceda, Michoacán. Pero la pasión era la misma. “Le gustaba tanto la música», dice León, «que mi abuelo dormía con el radio al lado de la cama, y a veces amanecía con él abrazado”. Lo cierto es que los abuelos tienen más influencia sobre uno de la que a veces les concedemos, pero en el caso de Eduardo, el anciano fue un factor directo de su amor no sólo por la radio, sino también, aun de forma rudimentaria, por el uso del sonido para difundir cosas maravillosas: música, negocios, ventanas al mundo.

Del árbol más alto

Eduardo León nació en 1964 en La Sauceda, Michoacán, y su vida ha sido, en parte, una réplica a gran escala de la de su abuelo. Cuando menos en lo que tiene que ver con las ondas sonoras. “Él era residente de Estados Unidos”, recuerda, “y siempre que llegaba traía música nueva”. Cuando el visitante llegaba, toda la familia se congregaba para escuchar los discos y novedades que había comprado en Estados Unidos. “Así fue que conocimos mucha música norteña; los Relampagos del Norte, Palomo y el Gorrión, y otros. A todos influenció mucho la música de mi abuelo. Su pasatiempo favorito era escucharla en una de esas consolas grandes, de mueble; sólo había dos o tres en el pueblo. Era una sensación escuchar la música en unas bocinas grandes. Además mi abuelo, siempre a la vanguardia, tenía la consola más nueva. Cuando salió una que tenía lucecitas que vibraban al ritmo de la música, imagínate, no sólo la escuchabas, sino la mirabas”.

Hombre emprendedor que además de trabajar en el norte y ser dueño del billar del lugar, el abuelo era dueño de «la bocina» del pueblo, de donde fuente de ingresos; se trataba de una práctica muy propia de los pueblos de México y de una época en la que la industria publicitaria apenas entraba en su adolescencia. “Era una bocina que colgaba en el árbol más alto y desde ahí anunciaba dónde iba a haber  enchiladas; la gente llegaba y decía: `Oiga, ¿me puede anunciar que va a haber carne de res en tal casa?’ , y nos pagaban por la publicidad. Otros nos pedían Serenatas:

`¿Me puedes llevar unas mañanitas para tal persona?’. El abuelo nos daba la mitad de lo que nos pagaban; él ponía el equipo y nosotros éramos los locutores” recuerda León,  improvisado locutor ya desde muy joven, una labor a la que posiblemente ayudaron las estaciones lograba sintonizar en La Sauceda. «Escuchaba todas las estaciones de Monterrey que se escuchaban de noche, o la radio exprés de Los Ángeles”. 

«Tanto nos infundió mi abuelo el gusto por la música», recuerda mi hermano mayor, Salvador, se pasaba el tiempo (pegado al radio) esperando a que dijeran N Salió el nuevo disco de tal grupo’. En ese tiempo estaban de moda los Baby,s los Freddy’s, los Muecas. Y cuando íbamos a la ciudad, pasaba a la tienda de discos y preguntaba: `¿Qué salió de nuevo?’. Si era de lo que a él le gustaba, compraba el single porque no teníamos para comprar el Long Play. Él era de llegar y compartir los discos con los amigos; se los prestaban entre sí; escuchar música en las tardes era como un pasatiempo». 

En La Sauceda, León estudió hasta tercero de primaria. Después tuvo que  trasladarse a la cercana ciudad de Zamora y posteriormente a una escuela tecnológica en la localidad de Ario de Rayón, Michoacán, en el mismo municipio. En Michoacán permaneció hasta los trece años, cuando finalmente emigró con su familia a los Estados Unidos. «Mis papás nos trajeron porque allá éramos campesinos, y no éramos muy buenos para la escuela que digamos», sonríe. «En ese tiempo, venirme a Estados Unidos y poder conseguir una residencia era casi equivalente a tener una carrera. Y mi papá decía que quizá no podría darnos estudios universitarios, pero sí cruzarnos al país del norte, porque él ya había arreglado los papeles de mi mamá. Nos trajo a todos; ahí no tuvimos voto. Me vine a regañadientes porque yo quería estar con mis amigos».

Al primer lugar

El primer acercamiento profesional con la radio ocurrió mucho después , tras haber pasado un tiempo en Estados Unidos, aunque ya desde antes había ciertos indicios de su afición por los micrófonos y las cabinas. Su padrino de su generación en la primaria había sido Ramón Cerpa Fajardo , un reconocido locutor y cronista deportivo de Zamora, y es posible que desde ese momento haya tenido en mente la intención de hacer carrera en la radio. «Al venir a Estados Unidos lo olvidé por completo. Crucé la frontera, sin documentos, llegué al campo, a estudiar, a tratar de salir adelante, y se me olvidaron mis metas de México». Con todo, más tarde se inscribió en un curso de radio y televisión en Modesto, California, si bien fue una instrucción temporal, porque su principal ocupación siguió siendo primero el colegio, y después la universidad, donde comenzó estudiando computación. «Luego me cambié a Administración de empresas, y al final a Ciencias de la Comunicación, que acá se llama Periodismo. Una vez en la universidad, se presentó la oportunidad de entrar a un concurso de locutores en Santa María, California. Decidí entrar porque el premio era que te dieran trabajo (de locutor) el fin de semana. Entré y gané el primer lugar, no por ser el mejor, sino porque era el más completo: estaba estudiando y tenía la voz más gruesa, 10 cual en ese tiempo era una ventaja; tener, como se decía antes, voz de locutor».

«Gané el concurso y me dieron el trabajo en fin de semana en Radio Alegría. Aquello me gustó mucho; sabía mucho de música, conocía los artistas que programaban y muchos más de los que ahí se tocaban. Combiné la escuela con la locución los fines de semana; luego se presentó la oportunidad de entrar a las demás áreas de la empresa; hacer comerciales, hacer ventas, es decir, todos los departamentos de la radio. Más tarde, Gregorio Eduardo se enfrentó entonces a una importante disyuntiva: ¿seguir estudiando el trabajo? Pero se dijo a sí mismo: «Estoy estudiando para dedicarme a esto, qué me espero? De una vez le voy a entrar». Así, después de tres años y medio de estudios superiores, decidió hacer una pausa y aprovechar los créditos que la universidad otorgaba para trabajar. Además estaba contento por poder ayudar económicamente a su familia

  En Radio Alegría, León estuvo trabajando por dos años en diferentes departamentos, hasta que decidió, con algunos socios, iniciar su propio proyecto. «Radio pantera era nuestro proyecto. Podíamos escoger el nombre y el formato que quisiéramos; en la otra estación nada más trabajaba y hacía lo que me decían. Radio Pantera solía ser una estación en  inglés pero nosotros la cambiamos a español, y era mi proyecto como programador de tiempo completo; ya no haría ventas, ni comerciales  ni noticias;  yo sería el programador y el producto final sería mi responsabilidad. Luego, en Santa María le ofrecieron una estación en Bakersfield a un amigo mío; iba a ser la segunda FM en español, pero él estaba ocupado en otra cosa. Me dijo: N ¿Por qué no te vas tú y la programas, y yo la asesoro?’. Me gustó mucho la idea porque era un mercado más grande; era una estación FM; iba a ganar más; era un proyecto competitivo porque había otras estaciones, incluyendo otra FM; (en la localidad) había un locutor que era famoso. Es decir, el reto no era menor. En cuatro meses nos fuimos a primer lugar».

«Ése fue uno de los momentos de los que me siento más orgulloso en mi carrera. Recibí la noticia de que éramos número uno cuando llegamos despegando en un avión. Después ese mismo momento se convirtió en uno de los más tristes. Ya después con el tiempo (bajar en las listas) no te afecta tanto, pero al principio eres feliz cuando estás bien y eres muy infeliz cuando estás mal. Sufrí bastante hasta que aprendí: s Oye, nada más es una medición, no es exacta. No quiere decir que no sepas lo que estás haciendo; nada más hay que hacer ajustes y hay que mejorar»‘ .

Música de cantina

El éxito en Bakersfield trajo nuevas recompensas en la forma de asesorías a otras estaciones de radio en español, en otros mercados como Madera, California; Santa María, Salinas y Stockton. «Asesoraba y observaba el equipo. Llegué a tener ocho estaciones en California donde prestaba mis servicios». En 1997 comenzó una nueva etapa al trasladarse a la estación WLEY. «Entonces se me empezó a presentar la oportunidad de ir a Chicago , que ya era un reto mayor, el segundo mercado más importante del país en español. Fue Juan carlos Hidalgo quien me recomendó; él trabajaba para la compañía y le habló de mí a Raúl Alarcón. Raúl habló con el gerente (de Chicago) y acudí a una entrevista.

Era una estación en inglés, pero la íbamos a convertir a español. Inmediatamente hub una química de trabajo muy buena. Llegué a Chicago con un gran ejército de personal pues yo ya sabía quiénes eran los buenos locutores. Al principio estábamos asustados. En cuanto llegamos al centro (nos dimos cuenta de que) no había hispanos  por por ningún lado; todo el personal eran europeos o afroamericanos, y yo pensé: `¿A quién logro escuchar aquí?’. Hasta que dimos una vuelta por el barrio mexicano fue que nos dimos cuenta que sí había un millón de mexicanos”.    

«Entonces, lo primero que hice fue salir a las calles a ver qué era lo que estaba escuchando la gente, a preguntar por qué escuchaban la estación; si era porque no había otras opciones o porque realmente les gustaba lo que programaban. Nadie me conocía y la gente me decía la verdad. Iba a las tiendas de discos a ver qué se estaba vendiendo, y ahí me di cuenta que lo que se estaba escuchando en la radio no era lo que le gustaba a la gente de la calle. Lo que ellos consumían era regional mexicano; eso era lo que llenaba los bailes. La radio de Chicago era elitista. Por regla no tocaban música de acordeón ni tipos similares de música que ellos llamaban de cantina. Entonces llego yo y ésa era mi bandera: Ramón Ayala, Vicente Femández, Chalino Sánchez, las bandas, lo ranchero, todo lo de la calle”.

 En cuatro meses la nueva estación estaba en primer lugar, pero todavía había un problema qué resolver: encontrar el nombre adecuado. «La batalla en ese tiempo», explica Eduardo, «era que la medición se hacía por medio de diarios; básicamente le enviaban un libro a cierta cantidad de personas y le preguntaban qué estación escuchaban y en qué sector la habían sintonizado. La guerra era de nombre. La competencia se llamaba, por ejemplo, FM 105.1 Estéreo Mex, pero en la encuesta que hicimos, la mayoría de la gente lo recordaba por el nombre «Radio Ambiente», y ese nombre hacía dos años que lo habían dejado de utilizar. Así me di cuenta de que podíamos ganar en el posicionamiento por el nombre, porque los otros no tenían imagen; estaban divididos entre la frecuencia, el nombre nuevo y el nombre viejo, y la audiencia estaba demasiado dispersa. Nosotros llegamos con uno de sólo cinco letras, «La Ley», y eso inmediatamente se le pegó a la gente. Duré dos años (1996-1998) en Chicago como director de programación de WLEYFM La Ley, una estación que pertenece a SBS (Spanish Broadcasting System).

Liberman Broadcasting

Desde 1988, Eduardo León no sólo ha sido el responsable de programación de las estaciones de Liberman Broadcasting, una empresa fundada en 1987 por José y Lenard Liberman, que actualmente cuenta con más de veinte emisoras en seis importantes mercados estadounidenses, donde se encarga de formatos y la contratación de los directores de programación de las distintas estaciones, en donde ha demostrado tener un gran tino. Sin sombra de duda, León reconoce que forjó una de las asociaciones más afortunadas de su carrera con Pepe Garza.l «Para mí, trabajar con Pepe fue entrar a otro nivel de trabajo y lograr una consolidación profesional en la radio. En México él había tenido mucho éxito con la Ke Buena y yo admiraba su trabajo. El promotor Alfonso de Alba me había dicho que era un genio para la radio y que me lo iba a presentar. En un tiempo en el que los (mejores) locutores eran los que sabían inglés o los que tenían voz gruesa, con él pasamos a una época en la que se trataba más del arte de hacer radio, investigar qué es lo que pide la gente y cómo dárselos. Juntos descubrimos cosas que antes no se tocaban en la radio; antes todo era Vicente, Juan Gabriel y Alejandro. Empezamos a salir a la calle para investigar. Por eso, sin duda, la mejor decisión que tomé en mi carrera fue haber invitado a Pepe; desde que él llegó nuestro nivel de radio cambió y me siento muy agradecido con él porque, en mi opinión, es el mejor programador que hay».

Liberman ha representado para Eduardo un reto y también una agenda muy ocupada. «En una semana puedo tener que ir a Chicago, Houston o Dallas; trato de hacer al menos las cinco cosas más importantes. Lo demás es el quehacer diario; realizar listas de programación, realizar encuestas y revisar con los gerentes de la radio en qué les podemos ayudar. Y me gusta tanto mi trabajo que a veces me tengo que prohibir trabajar y hacer otra cosa, como ir al cine o  jugar fútbol. Creo que una de las cosas más importantes que aprendí de Gregorio Esquivel, la persona que me enseñó a trabajar, se refiere no tanto a la  ciencia y el arte de la radio, sino que lo básico es dedicarte a lo que te gusta y jamás tendrás que trabajar en tu vida’”.

Eddie León—que raramente da entrevistas— , uno de los ejecutivos clave de la radio y, por tanto, de lo que se escucha en la radio hispana de Estados Unidos, está de acuerdo en que el trabajo del programador se parece mucho al del pronóstico del tiempo, a jugar a la bolsa de valores. Todos pueden hacer sus predicciones, pero nadie sabe lo que va a pasar con la música en español, cuyos giros y nuevas figuras han dado varias sorpresas en los últimos veinte o treinta años. ¿Qué es lo que va estar de moda el día de mañana?  ¿Cuáles serán los géneros que conquistarán a las nuevas generaciones? “Eso ni yo ni nadie lo sabemos», responde; «el que lo supiera sería uno de los hombres más ricos del mundo.  En  todo el tiempo  que  llevo yo en este  negocio,  jamás hemos sabido que viene. Pero lo que sí veo ahora es que está subiendo el nivel de exigencia. La gente, por ejemplo, ya no se conforma con letras mediocres. Y sin embargo», acota divertido, o de eso podemos estar totalmente seguros. Hace poco salió una canción (con letra mínima) que se llamaba La Vaca, y vendió millones». Sin embargo, León piensa que,  en términos generales, sí está subiendo el nivel de exigencia en la música popular latina en cuanto a composición, letra, armonía y melodías. 

«Aunque yo vivo más en el mundo regional mexicano y escucho poco lo que está pasando en otros géneros, sí veo la calidad de las canciones que están arriba. Hoy en los primeros lugares ves temas mejor hechos, con buena letra, con buena melodía. Las están diciendo cosas diferentes, ya no es lo mismo de siempre. En los últimos diez años se está hablando de asuntos que antes no se hablaban, o bien se están tratando de forma diferente. Muchos años duramos con lo que había pasado en la época de oro de la música mexicana. Llegaban otros géneros, como lo grupero, y grababan todavía Me caí de la nube y Murió la flor. Ahora han salido canciones completamente inéditas, nuevos compositores con frases y palabras que antes no se hubieran utilizado y que se usan en la calle. Han salido cosas que van a perdurar. Espinoza, por ejemplo: me convertí en fan de su manera de escribir porque dice cosas de una manera muy poética. Casi todas sus canciones para mí son verdaderas obras. Los éxitos que han dominado los últimos años han sido un combinado de sus canciones con las interpretadas por La Arrolladora».

Responsable de haber contratado para Liberman a célebres programadores como Pepe Garza, Ezequiel González, Rafael Bautista y Arturo Buenrostro, a Eddie León le gusta comparar la programación de una estación con una trophy wife, una esposa atractiva que atrae las miradas de los demás. «Si tú no le das lo que quiere, alguien más se lo va a dar. Así es la radio. Un buen programador siempre tiene que estarse preguntando qué es lo que quiere la gente. Tienes que ser ejecutivo, tienes que ser vendedor, tienes que saber que la programación existe para vender los productos que tiene tu departamento de ventas. Hay que saber cómo manejar todo eso. Puede haber alguien que sea muy talentoso para programar, pero si no sabe cómo trabajar con el departamento de ventas, o con la gerencia, no va a durar mucho. A fin de cuentas, hay que tenerlo muy claro esto: la radio es un negocio» , concluye.

El lejano abuelo de La Sauceda, Michoacán, grabado en los recuerdos con una bocina colgada de la copa de un árbol, para anunciar la oportunidad comercial del día, no podría estar más de acuerdo.

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