Vidas en la radio: Arturo Flores

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Oiga, don Gabriel, ¿cuál es aquí el objetivo? —Campeón, el objetivo es hacer de esta estación la número uno, y también la más cara.

Arturo Flores a Gabriel Hernández, al inicio del lanzamiento de 97.7

EI año 1972 fue muy importante para Córdoba, Veracruz, la ciudad del buen café. En primer lugar, porque su amado equipo de béisbol los Cafeteros de Córdoba, resurgieron de las cenizas después de una prolongada ausencia de más de treinta años. Ese año, el equipo no sólo volvió a las grandes ligas, sino que ganó el campeonato de la Liga Mexicana de Béisbol, el primero en lograrlo en dicho circuito. Los Cafeteros fueron recibidos en casa como unos auténticos héroes. Este hecho tuvo consecuencias en la vida de Arturo Flores Carrillo —entonces un niño— , hoy director artístico de la XERC-FM 97.7. «Arturo Carretero Lara y Domingo Setién Fernández el Mulato (…) fueron quienes narraron paso a paso la conquista del título de 1972», escribe una crónica de la época. Aquellos legendarios cronistas deportivos tuvieron una influencia decisiva para que Arturo cayera bajo el embrujo de la radiofonía.

Pero «aunque nací en la ciudad de Córdoba, realmente crecí en Coscomatepec» , aclara, «una población que está más o menos como a una hora. Crecí con mis abuelitos, Joaquín Carrillo y Luisa Calvario, y con mis tíos, que eran como mis hermanos. Ahí hice la primaria y la secundaria. La curiosidad por la locución me entró porque en 1972 Córdoba volvió a lo que llamamos la Triple A en el béisbol, y yo iba al estadio y veía Y oía narrar a los locutores en algo que llamaban ‘el palomar’. Me gustaba mucho lo hacían. Era un pequeñín, pero aquello me encantaba y pensaba: ‘¿Qué tengo qué hacer para algún día narrar un juego como ellos?»‘, recuerda, lo mismo que la frustración de no saber cuál debía ser el primer paso. En 1975, después de investigar dónde podía estudiar algo relacionado con lo que en ese momento le gustaba, con la ayuda de sus abuelos y tíos se fue a la Ciudad de México e ingresó a la Escuela Nacional de Locutores del maestro José Antonio Ruiz Key. Ahí tuvo la oportunidad de escuchar como exponentes a Ramiro Garza, uno de los pioneros de la radio en México, al cronista deportivo Ángel Fernández, a quien seguramente le hubiera gustado saber si odisea, y a José Manuel Hernández, entre otros.

Después de esto, que era práctica y teoría, Arturo se dio cuenta de que había que ir al verdadero campo de batalla. «Lo primero que hice fue conocer la cabina de  estación y pensaba: ‘ ¿cómo entro aquí? ¿Cómo le hago?’. El primer locutor que conocí fue a y Zacarías Martínez, QEPD, y me dijo que tenía que sacar una licencia de locutor que expedía la Secretaría de Educación Audiovisual en la Ciudad de México, un requisito indispensable para poder trabajar en cualquier estación de radio. Fui a hacer el trámite, me tronaron, pero a la segunda lo pasé. Mi idea era trabajar en Córdoba, porque está muy cerca de Coscomatepec, pero no había vacantes. Durante una convención del sindicato, en Orizaba, me colé entre los locutores y me dijeron: ‘Mira, en Córdoba por el momento no se puede, pero aquí se encuentra una persona que se llama Gilberto que tiene una estación en Tierra Blanca, Veracruz y necesita un locutor’. De inmediato les dije que me lo presentaran».

—Sí —me dijo— , tengo una estación de radio en Tierra Blanca. Pero hace mucho calor.

—iNo importa! —le dije. Lo importante era ir avanzando y adquirir experiencia.

Como una ruta de Cortés

De esta forma — con todo y el calor— , Arturo entró a la radio en Tierra Blanca, Veracruz, en el año de 1978, cuando recién llegaba a la mayoría de edad. «Ahí llegué a vivir a un hotel, pero me salía a caminar a la una de la mañana por el calor endemoniado. Después conseguí una pensión con una familia; vivía en un cuartito de 3 x 3». Pero su idea original, desde luego, era todavía ser cronista de béisbol. «Empecé a aprenderme los clásicos términos del «beis»: fair ball, home run, grand slam,etc… mi idea era ser cronista. Recuerdo que había una revista que se llamaba HIT, especializada en este deporte, y las coleccionaba todas, pero la estación donde yo trabajaba era musical, no deportiva, y ahí se acabó todo». En Tierra Blanca permaneció ocho meses, para posteriormente trasladarse a la población de Piedras Negras, Veracruz, a Radio Sensación. «Era una estación pequeñita» , recuerda. «Ganaba tan poquito que dormía en un catre, ahí en las instalaciones de la emisora. El equipo que utilizaban los hermanos Alarcón, los dueños, era todo hechizo; recuerdo que teníamos un transmisor con un bulbo gigante, y la consigna era: ‘Cuando veas que el bulbo se enciende y se pone rojo, apaga todo’. Porque era preferible quedarse cinco horas fuera del aire que un mes.  Ahí llenábamos a mano los cartuchos, que ahora ya no se usan. En provincia les gustaban mucho los spots de un minuto, y nos salían exactísimos. Fue una bonita experiencia trabajar en Piedras Negras».

Como si fuera una ruta de Cortés, el joven locutor sabía que el objetivo era acercarse a la Ciudad de México, aunque fuera brincando de estación en estación. Con esa idea se mudó a Córdoba y buscó una oportunidad para trabajar en Radio Juventud, donde había conocido tiempo atrás a Sergio Zacarías. Ahí le dijeron que en ese momento no había vacantes, “¿pero por qué no vas con Sergio? Él está trabajando en Puebla y parece que ahí necesitan a alguien”. Efectivamente , más tarde empezó a laborar en esa cuidad en la estación Radio Principal, que pertenecía al grupo que entonces se llamaba Organización Estrellas de Oro, a donde entró en 1979. Sin embargo, ahí también la estancia fue breve. «En Puebla estuve más o menos tres meses. Ahí compartía un cuarto con varios compañeros que trabajaban en el mismo grupo. Iba a la estación de las nueve a las doce de la noche, pero al poco tiempo me corrieron. Tenía un programa llamado Discotheque 125; era la época de plena efervescencia de la música disco. Pero yo sentía que la estación era muy repetitiva, y metía canciones que me gustaban más. Entonces un operador de Radio Mundo me dijo que me estaba grabando; pensé que eso era una especie de señal para echarle más ganas, más caña, como decimos en el argot. Al segundo día me volvieron a decir: ‘Te estamos grabando’ , y así hasta que terminó la semana. Yo estaba muy contento. El lunes siguiente me dijeron que subiera con el señor Joaquín Grajales.

—¿Cómo estás? —me preguntó.

—Bien —le contesté pensando que me iba a felicitar.

—¿Cómo te llamas?

—Arturo Flores Carrillo.

—Ah, pues yo soy Joaquín Grajales y tengo aquí en mi escritorio cinco casetes, que corresponden a cinco programaciones, y sucede que en el programa de las 9 a las 11, que es Discotheque 125 , el día lunes me respetaste 90% de la programación; el martes me respetaste 80%, y cada vez fue menos. El sábado respetaste nada más 10%.

—Lo que pasa es que hay unas canciones padrísimas, y yo noté que la programación es un poco repetitiva. ¿Sabe? Es media monótona.

—Pero aquí, joven, la programación es sagrada —dijo inclinándose hacia delante poniendo énfasis en cada palabra.

—Pues usted dirá…

—Consúltalo con el delegado sindical.

«Fui con el delegado», sigue Arturo, divertido, «y me dijo: ‘Lo mejor es que te vayas. Cometiste un error. Te voy a tratar de conseguir una buena liquidación-. Y ahí fue que me di cuenta de la importancia de respetar una programación», reconoce. Pero lo cierto es que el joven locutor había demostrado, también, su espíritu independiente.

La ciudad de los palacios… y la radio.

«En aquel entonces todos le tirábamos a la Ciudad de México; ésa era como la meta máxima, pero yo decía que primero había que foguearse, y que para eso lo mejor era la provincia. Fue un ir acercándose a la Ciudad de México; primero Veracruz; luego en Puebla pensaba que ya nada más estaba a un paso, pero yo no había planeado que me corrieran, así que tomé una opción que me ofreció el sindicato, una plaza en Lázaro Cárdenas, Michoacán. Yo ni siquiera sabía dónde estaba ese lugar». Así, Arturo tuvo que tomar esa ruta alterna hacia la Ciudad de México, donde estuvo trabajando con Francisco Bautista Valencia, dueño de Radio Horizonte y de quien recibió mucha motivación. De ahí pasó a Morelia donde estuvo dos semanas en Radio Variedades. Ahí tampoco se sintió feliz. Su objetivo no había cambiado, así que a mediados de 1979 se dirigió finalmente a la capital, donde empezó a trabajar en el Grupo ACIR, con Gustavo Páez, director artístico de Radio Felicidad.

«La idea era que yo llegara con un señor Camacho, que programaba una estación que se llamaba Radio Voz; él era amigo de Francisco Bautista, de Lázaro Cárdenas, o al menos eso decía. Pero el señor Camacho nunca me recibió. Una persona en la recepción me dijo: ‘Oye, ¿por qué no vas con Gustavo Páez? , es buena onda’. Fui con dicha persona y hablamos.

—Vamos a ver, ¿tú qué haces?

 — Soy locutor.

—¿Qué crees? Todas las radios están ocupadas, pero tengo una chamba en la fonoteca.

— Pues le entro —dije. Lo importante era estar adentro; inicie acomodando discos en orden alfabético y por artistas. Un día me fui a pedir unos álbumes.

— Oye, ¿no tendrás tal disco de Rocío Dúrcal? —Sí, aquí lo tengo.

—Ah. ¡Perfecto! Vamos bien. Oye, de veras… ¿tú qué haces?

— Soy locutor —le volví a decir— , trabajé en Tierra Blanca, Piedras Negras, Puebla, Lázaro Cárdenas y Morelia, Michoacán; llevo ya un par de años en las estaciones. —Al día siguiente volvió a preguntarme:

—No, en serio. ¿Qué haces?

—Soy locutor. —Y como a la tercera vez, por fin me dijo:

—¿De veras eres locutor?

—Que sí, hombre.

—A ver, ven. Vamos al estudio, vamos a hacer unas pruebas. —Y me puso a grabar. Creo que lo convencí—: Bueno, te tengo un turno a las seis de la mañana.

—Yo entro a las dos si quiere.

—Bueno. ¡Empiezas mañana!

Así fue como Arturo alcanzó su primera «felicidad» en la estación de radio del mismo nombre, y al primer minuto de estar al aire pensó: «Por fin en México».

Grupo Radio Centro

En 1980, después de que el entonces director de Radio Exitos escuchara una prueba de grabación y le extendiera una invitación, Arturo Flores renunció a Radio Felicidad para irse al Grupo Radio Centro, con un poco de tristeza por dejar su primera estación, pero alentado incluso por su mismo ex jefe, quien le dijo: «Si te estás yendo a una estación de esa magnitud, ¿qué te puedo decir, sino que te vaya muy bien?» «Ahí estuve colaborando como locutor y más tarde realizando mis primeros experimentos haciendo la programación con el señor Fernández» , recuerda Arturo.

En 1986 formó parte de un grupo de locutores que fue seleccionado para realizar transmisiones desde la Ciudad de México a través de la Cadena Radio Centro, que ofrecía servicios a estaciones afiliadas en los Estados Unidos para la gente de habla hispana. En agosto de 1988 el grupo decidió lanzar 97.7 , que antiguamente era Radio Hits, música en inglés. «Un día el director de operaciones me llamó a su oficina y me dijo: S Mira, hay un nuevo proyecto en el grupo, vamos a lanzar una estación en FM; no tenemos nombre todavía, pero mientras tanto le vamos a llamar Stereo 97.7 , hicimos un casting con todas nuestras voces y queremos que tú la grabes, mientras encontramos la voz oficial’. La idea original era que grabara temporalmente la estación, pero fue tal el impacto que después de 27 años sigo aqui’.

«El movimiento Rock en tu idioma y música juvenil ya venía desde antes del nacimiento de 97.7. Las que marcaban la pauta eran las AM. Las FM eran sintonizadas como música ambiental en establecimientos comerciales, consultorios, etc… Las estaciones líderes en música en español eran Radio Variedades y Radio Mil. En música en ingles Radio Éxitos y La Pantera. Había una estación que se llamaba Estudiantes AM, y después Radio Alegría, que transmitía con 5000 watts en el día y 1000 en la noche. y llegó a ser número uno, lo cual era muy raro, sobre todo con tan poca potencia. Ésa fue la que empezó a tocar Miguel Mateos, Timbiriche, Menudo, los grupitos de aquel entonces, y los demás decíamos: N Algo está pasando en la música’. En ese inter surgió una FM que se llamaba Estelar FM, a la que después llamaron Estéreo 102′ Después nos dimos cuenta que esa estación la asesoraba don Ramiro Garza, que había estado muchos años en Radio Variedades. Ya en aquel entonces don Ramiro se dedicaba más a las asesorías. Fue entonces cuando Grupo Radio Centro Observó esta situación Y decidió matar a Radio Hits, que era en inglés, y darle vida a 97.7. Ahí combinamos de todo. Lo mismo tocábamos a Rocío Dúrcal e Isabel Pantoja, que a Miguel Mateos Y Flans. Era una combinación media rara, pero tirándole a lo juvenil, y realmente ésa fue la línea a seguir. Yo creo que la novedad estuvo en nuestro nuevo formato; el formato antiguo era melodía- comerciales- melodía- comerciales. Así vivimos durante mucho tiempo en las estaciones. Estéreo 102, por ejemplo, no tenía un formato definido. Lo mismo podía tocar dos, tres o seis canciones seguidas, o una hora de música sin comerciales. Entonces se decidió que en 97.7 se reunirían varios comerciales en un solo corte; lo cerraremos a cuatro cortes por hora y tres melodías ligadas, y este formato fue la locura, en un mercado tan grande y competitivo como el de la Ciudad de México. A tres semanas de haber salido al aire ya éramos número uno. Entré a 97.7 como locutor; después me integre totalmente a ella».

«¿Ya oíste? 97.7»

«En aquellos años 80, en el Grupo Radio Centro todos teníamos la oportunidad de trabajar en todas las estaciones. Yo por ejemplo pasaba de Radio Exitos a Radio Variedades, que era otro estilo. Una era pop en español y la otra en inglés. También trabajaba en Radio Al, que era tropical; algo guapachoso el asunto. También en La Consentida, que era ranchera, y luego me iba a Radio Centro, que era más formal. Realmente me gustaba y me sigue gustando de todo. Pero si me preguntaras, a mí me gusta mucho la música de los 80, la música en inglés. En 97.7 logramos una enorme audiencia y también el objetivo original de hacer una estación querida por el radioescucha y deseada por los anunciantes. Llego un determinado momento en que no teníamos espacio para anunciar más, ni a la hora que los clientes querían. Empezamos como una voz. Yo nada más era la voz. Lo era las 24 horas. Yo grababa la programación, los promocionales, todo».

«Bajo la dirección de Gabriel Hernández y Carlos Aguirre, y con Arturo Flores a bordo, la 97.7 revolucionó el sistema comercial y musical de la FM a finales de los años 80. Podríamos decir que la FM en México tiene un antes y un después de , que se ha caracterizado por ser una estación que genera éxitos, que hace artistas, que es propositiva, que está siempre a la caza de cosas nuevas y siempre observando las tendencias. Si hay que dar un paso, no lo pienses mucho, es una emisora que arriesga. Lo que hacemos en la estación es vender las cosas de manera diferente», explica Flores. «Si tienes una pluma, una pluma normal, de las que compras en la papelería, dices que es ultra-deslizable, punto fino. Todo se resume a vender las cosas de forma original. Si es un carro, lo adornabas como si fuera una súper nave. Hacemos que todo sea grandioso. Y es que para mi la radio siempre ha sido cuestión de imaginación. El primer volante impreso que lanzamos, como un año después de haber nacido, era un papelito azul que nada más decía: ¿Ya oíste? 97.7. Eso era todo».

Programar es manejar el Ferrari

Arturo Flores tiene una voz distinguible y un sello muy propio que los habitantes de la Ciudad de México recuerdan, en especial sus apreciados promocionales, tanto así que se consideran objetos de nostalgia. Es tal el poder de una voz atrayente que, él mismo reconoce, como locutor a veces «te vuelves como un confesor, te cuentan de todo». Sin embargo, quizá no muchos sepan que una de las cosas que él más disfruta es la programación, una actividad en la que sigue estrechamente involucrado en 97.7, aunque hayan aumentado sus responsabilidades, y ésta sería una tarea que otro que no fuera él, delegaría.

«Siempre he estado en la radio y me gustan todos los aspectos involucrados en ella: las promociones, la música, los cambios que se van originando, estar siempre a la expectativa. Estoy muy agradecido porque la radio me ha dado la oportunidad de conocer a mi esposa, Silvia Carrizales, y por ende a mis hijas Úrsula y Diana, y de ahí a mis nietos Carlos, Galilea, Sofía y Roberto; me ha dado mi casa y el sustento de cada día y la oportunidad de trabajar en lo que más me gusta. Y agradecido por consiguiente con Radio Centro, donde laboro desde hace 35 años, y con la gente que diariamente nos escucha. Las responsabilidades cambian, pero la esencia sigue siendo la misma y disfruto hacer la programación. La programación es como el gusto que te da manejar un carro, y esto puede ilustrarse con la siguiente anécdota. Una vez estábamos en Balderas 90, de OIR, la Organización Impulsora de Radio. Enfrente estaba el edificio del periódico Novedades. Nos llamó un cuate de noticias y nos dijo:

—Vengan. Ahorita va a salir de ahí un Ferrari, y el que lo maneja es el señor Rómulo O’Farrill.

—¿Apoco, no tiene chofer?

—Sí, claro.

—¿Entonces por qué lo maneja él?

Y un día le pregunté al Señor O’Farril:

—¿Por qué si tiene chofer, usted maneja el Ferrari?

Y me contestó:

—Porque me quiero dar el gusto de hacerlo.

«Es lo mismo con la programación. Podría decirle a una persona que la haga, pero me quiero dar el gusto. Me gusta manejar el Ferrari. Una vez me preguntaron que si no me hubiera gustado la radio, ¿qué onda? ¿Qué hubiera sido? Y mi respuesta fue simple y sencilla: No lo sé. Nunca tuve tiempo de pensar otra cosa que no sea la radio. Solo en seguir la ruta que imaginé desde niño, al calor de un juego de béisbol».

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