Vidas en la radio: Alfredo Alonso

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«Creo que la radio fue una época de mi vida, una etapa muy linda… «

Alfredo Alonso bien podría ser considerado por algunos como un moderno Quijote que ayudó a extender la influencia del español en los Estados Unidos por medio de la radio y la prensa musical, o bien, como algo un poco más controvertido: un ejecutivo radial que contribuyó a los dolores de cabeza de muchos puristas del lenguaje que se duelen del spanglish y que, por su culpa, algunos jóvenes migrantes no hablen bien ni el español ni el inglés. Aquí la palabra clave es Hurban (con hache, porque es Urban pero es Hispanic), un formato implementado bajo la mirada vigilante de Alonso por Clear Channel a principios del siglo que corre. En él, los programadores combinan libremente singles en español y en inglés —y otros en ambos idiomas— y los locutores pueden comenzar una oración en el idioma de García Márquez y terminarla en el de Stephen King. El slogan de Clear Channel para sus estaciones en español era de la más fina ironía: Latino and proud. Así, en inglés.

No es que la radio hispana fuera un fenómeno nuevo en 2004, cuando Alonso llegó al gigante de las comunicaciones con la propuesta de convertir varias emisoras al español. Tampoco que ellos hubieran inventado el spanglish. Una creciente población latina con un creciente poder de compra (más de 600 mil millones de dólares, tres veces más que en 1990, de acuerdo a Heinrich Hispanidad) había por fin despertado de su letargo a la industria. Y del spanglish se quejan ambas culturas desde hace casi medio siglo. Pero las terceras y cuartas generaciones de latinos nacidos en Estados Unidos, es un hecho, no tienen las mismas reticencias que sus abuelos y bisabuelos.

«En sí nosotros no fuimos la primera radio que tuvo locutores que hablaban en inglés y español» , explica Alonso. «En KXTN de San Antonio, mucho antes de Mega 101, los locutores también hablaban en inglés y español. KXTN fue una pionera en esa transición. Cuando lanzamos Mega 101 —la estación de Houston, punta de lanza del nuevo formato—, estaba dirigida a las personas jóvenes, latinos que no estaban escuchando música en español. Fue una especie de ejercicio que cambiamos a los tres meses de haber iniciado. Luego volvimos a hacer ajustes a los seis meses, y a los nueve, porque era algo que nunca se había hecho, y es muy difícil hacer investigación de mercado con algo que no se ha hecho nunca. Cuando Mega 101 entró a sus mejores momentos, se tocaba mucho más música en español que en inglés. Lo que yo quise era contar con locutores que tuvieran tanto buenos fundamentos de inglés como de español; si vas a hablar en los dos idiomas, el locutor debe pronunciar bien ambos, sin matar a uno ni al otro. En el proceso de conversión, busqué locutores que pudieran reflejar los intereses y la forma de ser de la juventud; sus deseos y su estilo de vida en el país, y creo que aún no se ha logrado del todo».

De Cuba a Nueva York

Mucho tiempo antes de reflexionar sobre estas cuestiones, Alfredo vio la primera luz del día el 13 de octubre de 1960 en Cuba. Su padre había nacido en España pero se había criado en la isla. Al mes de haber nacido, se mudó a los Estados Unidos. «Me crié en Nueva York; primero en Staten Island, y de ahí nos mudamos al Bronx. Viví cerca del Yankee Stadium, donde estuve hasta los once años. Fui hijo único. Mi papá trabajó por muchos años en restaurantes en este país, aunque era periodista en Cuba. Cuando era joven había trabajado en un periódico llamado El Mundo, como editor en jefe. Mi mamá trabajó en una fábrica. Vivimos en una casa muy unida donde mi papá siempre quiso que yo mantuviera mis raíces latinas. No quiso que me hiciera completamente americano, lo mismo mi mamá. Ella tendría unos 23 años y no hablaba mucho inglés. Fue la típica historia de personas que vienen de otro país a buscar oportunidades en Estados Unidos, pero siempre unidos como familia. Mis amigos no hablaban español porque crecí en una zona de gran influencia irlandesa. Pero entre el 68 y el 71 empezó a cambiar la población del Bronx, se puso un poco más difícil, y fue por eso que salimos a vivir a New Jersey, que era la meca de los cubanos».

Radio y Música

En Nueva York asistió a la Emerson High School y posteriormente estudió Comunicación en New Jersey. «Siempre tuve ganas de ser locutor; desde que tenía unos doce años estaba fascinado con la radio. Pasaba mucho tiempo en mi cuarto solo, escuchando diferentes estaciones por la noche me ponía a hablar con los locutores. Les llamaba y les preguntaba cosas de la radio; los artistas no me interesaba mucho. Siempre tuve interés en la programación, es decir, por qué tocaban en cierto tipo de música, por qué cierto tipo de locutores, por qué hablaban de cierta forma, el lenguaje que utilizaban. Ya en la preparatoria, cuando tenía unos 15 años, mis padres me compraron dos tocadiscos y yo tenía dos grabadoras, y diariamente de tres a seis de la tarde hacía un espectáculo en mi casa, que nadie escuchaba. Ahí empecé a darme una idea de cómo eran las rotaciones de música. Yo mismo aprendí hablando con los locutores: por qué algunas canciones se tocaban más que otras, por qué ciertas canciones de algunos años se tocaban más. Me gustaba visitar las estaciones de radio, como una muy famosa de música afroamericana que era la WWRL de Nueva York. Me hice gran amigo de un señor llamado Gary Byrd. Su programa era de las doce de la noche a las 5:30 de la mañana, y yo me quedaba hasta las tres de la mañana hablando con él. Solía explicarme por qué hacían las cosas de cierta manera, y de ahí comencé a tener un gran aprecio a la programación».

Su primer trabajo como locutor fue en la WRLB, 107.1 , una estación de New Jersey. Comenzó con un programa los domingos , de dos a seis de la tarde. Posteriormente estuvo en la KDWB y en la KMAP. Sin embargo, su primera gran conquista no fue tras el micrófono, sino en la industria editorial, con la fundación de la revista Radio y Música, la primera en su tipo, donde publicaba charts de la música en español por categorías. «Tuve la oportunidad de conocer una publicación que se llamaba Radio and Records», recuerda, «una revista de gran influencia en la música anglo. Yo trabajaba en una estación como director de programación en Minneapolis, pero en 1989 me retiré porque tenía muchos problemas en Minnesota. Mi padre y mi madre vivían en Tampa, mi hijo Adam tenía un problema de asma, y con el frío de la ciudad se me hizo muy difícil seguir trabajando ahí. Regresé a Tampa, quise hacer algo en la radio pero no encontraba dónde. Entonces se me ocurrió hacer algo parecido a Radio & Records, pero para la música latina, pues no existía ninguna revista de su tipo y menos un Billboard, que tenía el Top 100 (latino), donde toda la música estaba revuelta: había regional, tropical, salsa, merengue, texana, que en esa época era muy fuerte, romántica, balada: todo mezclado. Lancé una revista para el mundo hispano llamada Radio y Música, muy parecido a Radio & Records».

Con el impulso que tomó la publicación, entre 1991 y 1997 sus actividades se extendieron a la organización de la Convención Radio y Música que se convirtió en un importante foro para el lanzamiento de varios artistas latinoamericanos. «Por ejemplo», explica su fundador, «Selena se dio a conocer a nivel nacional en la (primera) Convención en el año 91. En ese entonces ella ya tenía mucha fama en Texas, pero fuera de ese estado no tenía mucha salida. A partir de que se presentó en la convención en el año 91 detonó, y de ahí siguió a México». Shakira, Alejandro Fernández y Marc Anthony, entre otros, también se dieron a conocer en la convención, que durante algunos años también se llevó a cabo en Puerto Rico.

SBS

En 1992 conoció a Raúl Alarcón hijo y se convirtieron en buenos amigos. Alonso recuerda haberle dado la idea a Alarcón de convertir la KQ98 al formato regional mexicano. «Un día estábamos en su coche y estaban tocando una canción de Azúcar Moreno.l Tenía el volumen a todo, estábamos en Los Ángeles y yo le pregunté por qué tocaba esa música en un mercado mexicano. Él me dijo: S Es que las estaciones de FM siempre tocan un poquito de todo’. Yo le dije que sí, pero que lo que deberían hacer es tomar la señal que tenían en Los Ángeles y convertirla en 100% mexicana; ahí fue que encontré a mi tocayo Alfredo Rodríguez, que en esa época trabajaba en la KW, los puse juntos y nació La X».

Al año siguiente, en 1993, Alfredo Alonso obtuvo la gerencia de la WSKQ en Nueva York, que en ese momento pertenecía a la SBS y estaba muy abajo en las preferencias de la gente. Bajo su dirección la emisora cambió el nombre a Mega 979, adoptó un formato de música caribeña que incluía salsa y merengue y comenzó a subir en los ratings. Sin embargo, tres años después Alfredo se retiró para iniciar su propia empresa, Mega Broadcasting, que comenzó con una estación en Filadelfia y posteriormente otras en Washington D.C., Tampa y Connecticut. En 1998 vendió la mayor parte a Adam Lindemann, aunque permaneció como socio y CEO de Mega communications. A principios de la década de los 2000 decidió que era momento de vender la revista el Radio y Música y las convenciones.

Clear Channel

«En 2004 vendí el resto de mi compañía a los Lindemann, y en el mes de septiembre me pasé a Clear Channel, como senior vicepresidente de la división hispana, que en esa época no existía», comenta Alonso sobre su paso a lo que hoy se conoce como iHeartMedia. «Ahí empezamos a lanzar estaciones en diferentes lugares, como Houston, Dallas, Miami y San Francisco». Clear Channel Communications era, en ese momento, el mayor conglomerado radiofónico de Estados Unidos, con más de mil estaciones, de las cuales sólo 18, es decir 2%, eran en español.3 Mientras tanto, la audiencia latina crecía a ritmo acelerado, y los grandes competidores de Clear Channel, como SBS y Univision, se llevaban la mayor parte de ese cada vez más lucrativo mercado. De acuerdo a The New York Times, en 2004 el español se hablaba en cerca de 5% de todas las estaciones del país, pero la audiencia total alcanzaba 9%. Con todo, según estimaciones del propio Alonso en ese mismo año, las estaciones en español sólo se apropiaban de 3.5% de los ingresos de la industria, debido en parte a que dichas emisoras vendían hasta en 40% menos sus espacios publicitarios, en comparación con las emisoras anglosajonas.

«En una de las reuniones que tuvimos inicialmente», explica, «les dije que ellos tenían más de mil estaciones de radio y no tenían (suficiente participación) en el mercado hispano. Sentía que el mercado latino tenía más potencial que muchas de sus otras estaciones. Me preguntaron cuáles creía yo que se podían convertir, y como siempre había tenido acceso a los estudios de mercado, les hablé de una estación en Atlanta que estaba básicamente en el piso; se estaba fracturando, no tenía audiencia, y les dije que si me daban la oportunidad yo podía ponerla en un nivel muy alto, no solamente en número de radioescuchas, sino también en facturación. En dos meses la WMAX pasó de la posición 36 a la número dos. Los ingresos comenzaron a crecer y se dieron cuenta de que había un gran potencial en la radio hispana. De ahí pusimos Mega en Miami y Houston en noviembre de 2004».

Sin embargo, en 2008 Clear Channel, que pasó de ser compañía pública a privada y pronto enfrentó acusaciones de monopolio por parte del Departamento de Justicia de los Estados Unidos.5 «Básicamente vieron que nosotros, junto con Univisión, teníamos un monopolio en varios mercados. La combinación Clear Channel y Univisión era tan poderosa en el sector hispano que nos condicionaron a eliminar estaciones en español o venderlas». Justicia ordenó al conglomerado a vender primero su radio en Houston, en ese momento el mercado más fuerte, a CBS. «También nos forzaron a vender La Preciosa en Las Vegas, muy poderosa en ese mercado, y otras más. Me di cuenta de que las cosas ya no serían iguales en Clear Channel, que ya no se podría crecer en los mercados claves, ya que nos acusaban de crear monopolios. Mi visión ya no era posible. Fue en ese momento, en 2010, que decidí retirarme». Después de una breve estancia en el grupo Radio Centro, que duró tres años de constantes viajes entre México y Los Ángeles, Alonso consideró que se  había cumplido un ciclo y que era momento de decir adiós a la radio.

Nuevos horizontes

«Mis días en la radio ya terminaron», explica satisfecho y entusiasmado por la cantidad de proyectos y empresas que sigue teniendo en marcha, aunque ya no tengan que ver con el medio al que dedicó tres décadas de talento y esfuerzo. Se siente feliz de poder dedicar un poco de más tiempo a su familia, formada por su esposa Carolina, y sus hijos Adam y Amanda. «Creo que la radio fue una época de mi vida, una etapa muy linda que duró de 1984 a 2013; treinta años fascinantes en los que hice muchas cosas, trabajé con muchas compañías, con grandes personalidades, pero todo llega a un final».

Dice que nunca ha vuelto a Cuba, pero quizá una parte de él se quedó allá porque, como él mismo lo explica, «estoy ansioso de poder estar un día en sus playas y conocer a primos que nunca he visto. Nunca regresé, pero me encantaría ver la tierra donde nací, pasar una o dos semanas, quizá invertir en algún negocio. Creo que cuando se formalicen las relaciones de negocios entre Cuba y Estados Unidos, habrá muchas oportunidades», concluye. Y quién sabe; si tantos locutores, programadores y directores de radio dicen que ésta se lleva en la sangre y no puede jamás olvidarse, quizá algún día veremos que alguien, calladamente, empieza a transformar también el rostro de la radiofonía en la hermosa isla.

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