¿Qué significado tiene el éxito de “Despacito” en la era Trump?

No es cualquier cosa que una canción en español conquiste un país cuyo presidente odia a los “extranjeros”.

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Des-pa-ci-to…

Desde su lanzamiento, Despacito” se volvió un fenómeno incontrolable. Es el video más visto en todo YouTube –con más 3 billones de vistas ya–, también la canción más escuchada en la historia de los servicios de streaming. Sigue en el primer lugar de las listas de popularidad en varios países en los que no se habla (y entiende) el español.

Debemos dejar claro que hablamos de un producto bien pensado y producido, donde el ritmo y la rima tienen características muy especiales, entre ellas una fusión de instrumentos clásicos de Puerto Rico con reggaeton y un poco de rap “latino” perfectamente ejecutado por Daddy Yankee. En otras palabras, el tema no iba a fallar, es solo que nadie esperaba que el alcance fuera a nivel mundial.

Claro que parte del éxito se le debe a Justin Bieber, quien apareció en el momento justo para darle un último empujón, pero con todo y eso, excepto por la intro del canadiense, el resto del tema se canta en español.

Y eso no es cualquier cosa en un momento histórico en el que los regionalismos, la xenofobia, el racismo y el simple y plano temor hacia “los otros” se han convertido en un estandarte para muchos, entre ellos la América de Donald Trump.

El mensaje que está mandando “Despacito” es que al mismo tiempo existe una comunidad global que desprecia las categorías racistas, se opone a las etiquetas, rechaza el odio y gusta de moverse al ritmo de la promiscuidad musical.

Y, más importante aún es que “Despacito” es el estandarte del pop actual, que, en efecto, más que nunca se enriquece de las mezclas de géneros, sí, pero también de artistas de orígenes diferentes. El pop se ha convertido en un lugar de convivencia mundial, no de tolerancia, sino de franca apropiación de todo lo bueno de diferentes culturas, de todo aquello que pueda hacernos felices.

Eso no significa que la lucha contra los radicalismos esté ganada, pero es un buen comienzo.

Con información del NYTimes.

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