¿Los discos están muertos?

La vieja gallina de los huevos de oro parece que ya no puede con el trabajo.

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En un mundo donde todo está a un par de clics de distancia surge la siguiente pregunta… ¿El formato físico se extingió? ¿Los discos están muertos?

Todo apunta que ese es el inminente camino que espera, no sólo a la industria de la música, sino a la de las películas, videojuegos y hasta revistas.

Ahora, no es por desestimar al disco. No hay nada como romper con delicadeza el celofán que envuelve la caja de plástico sin rayones que protege a un CD y decir con todo sentimiento: huele a nuevo. El problema es que estos artículos cuentan con un precio irreal para lo que suelen entregar. No me refiero a la calidad en el empaque, sino al producto musical. Durante décadas, los grupos hacían 3 temas buenos, 2 regulares y 7 mediocres con los que retacaban un álbum que se vendía a precios que dolía pagar. En otras palabras, es como adquirir 10 kilos de basura para disfrutar 100 gramos de felicidad.

El MP3 y su distribución vinieron a cambiar las reglas del juego y la industria de la música tardó más de 10 años en adaptarse.

Veamos los ejemplos más crudos y claros:

En 2002 se vendían 800 millones de discos mientras que en 2012 sólo compraron 316. ¿Qué pasó? La gente ya no cae en el anzuelo como antes, piensa (o descarga ilegalmente) antes de comprar.

Hace un par de años, Chris Brown decidió dejar de lanzar álbumes y centrarse en sólo crear buenos temas y lanzarlos con varios meses de separación, eso sí, acompañados de un video que tenga millones de reproducciones en YouTube. Esto no perjudicó en lo más mínimo sus ingresos.

El nuevo modelo de negocio pone las cosas más complicadas

Los álbumes podrían sobrevivir si los nuevos grupos se esforzaran en lanzar 10 o más temas extraordinarios por disco. Eso ayudaría a que el público recobrara la confianza en la industria musical, pero la realidad es distinta.

Dedicarse a la música es muy complicado ya que las remuneraciones son muy bajas: son necesarios cientos de miles de clics en YouTube y miles por una bicoca en Spotify.

A final de cuentas es un sistema que apoya los catálogos en vez de los nuevos artistas.

¿De verdad está muerto?

Ojo, 300 millones de copias al año no son algo para desestimar.

Permíteme plantar el siguiente escenario. Antes de que llegaran los autos, el medio de transporte eran los caballos y los carruajes. Hoy, ese animal es un objeto preciado, si lo quieres ver así, de colección, y así se mantiene, con compradores cautivos y enamorados.

Lo mismo pasa con los discos. Hay gente que no los deja porque sabe que tienen un valor residual. Lo digital puede que tenga DRM o una licencia que no es de por vida. ¿Qué pasa si desaparece Spotify o YouTube? ¿Dónde escuchará música la gente?

Las ofertas de calidad se siguen vendiendo sin problemas. Los discos de Juan Gabriel y Metallica fueron el mejor ejemplo durante 2016 de que las personas siguen comprando discos que valen la pena.

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